El Coco

El fruto de la palma de coco comienza su vida en árboles que alcanzan dimensiones que oscilan de los 60 a 100 pies de altura. Disperso a través de islas y climas tropicales, su semilla guarda un agua con sabor y propiedades peculiares. Nadie sabe -y probablemente nunca se sabrá- el orígen de este árbol; aunque expertos especulan que sus orígenes vienen del archipiélago Malayo. Ciertamente, es un fruto increíblemente nutritivo y versátil, ya que provee leche, azúcar, carne y aceites (todo en su propio envase) muy práctico como plato o tazón. Su cáscara es fácilmente combustible y sirve para cocinar el fruto y su leche.

Aunque su nombre esta escrito en Sánscrito en los principios de la historia el coco no fue conocido por el mundo del oeste hasta el siglo VI, cuando fue importado a Egipto por el Océano Indico, aunque Marco Polo lo llamo "La Nuez del Faraón" en sus viajes por la india.

Es una fuente de alimentación vital en países tropicales, especialmente húmedos y se le atribuye propiedades mágicas y místicas.

El coco sirve de nombre común a las 33 especies de cocoteros que rodean el cinturón tropical del planeta.

El cocotero pone a disposición del hombre prácticamente todo su andamiaje forestal, desde las raíces, hasta las hojas y según una tradición hindú sirve para 99 cosas diferentes.

Cuando su tallo, la palmácea sobrepasa los 35 años de edad aporta una madera muy dura y resistente, buena para carpintería y ebanistería, años atrás muy apreciada en mercados europeos bajo el nombre de madera de Palmira.

La corteza del fruto se emplea en la India para curtir. Las raíces, además de su uso medicinal contra la disentería, son buenas para trabajos de cestería.

A través de la pulimentación, el duro y liso cascaron resulta utilitario: como vasijas, cucharas y tazas.

Como alimento la carne de los frutos maduros, blanquísima y tierna puede comerse cruda o preparada de cientos de formas y en todas resulta muy nutritiva.